viernes, 1 de agosto de 2014

Usted tiene una deuda de 428 euros... Con un árbol

No todo lo que es útil cuesta mucho, ni todo aquello que cuesta mucho es realmente útil. Piensen en el agua, imprescindible para la vida y sin embargo tan barata que podemos malgastarla en grandes cantidades, o en un diamante inmensamente valioso, pero que no salvaría la vida de su dueño si se encontrara perdido con él en medio del desierto. Este ilustrativo ejemplo se llama “paradoja del valor” y no pertenece a la filosofía budista, sino al libro “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith (1776), el padre de la ciencia económica. No pensamos mucho en ello, pero es un hecho que nuestra existencia depende completamente de la naturaleza. Ella purifica y oxigena el aire que respiramos, ha formado los suelos que cultivamos, nos proporciona el agua que bebemos... No hay excepciones. Desgraciadamente, a la naturaleza le ocurre lo que al agua en el libro de Adam Smith, simplemente está ahí y su uso es gratuito. No tiene precio, no participa en un mercado, su preservación o destrucción no contabilizan en el PIB. Esta falta de valoración económica, como expone el empresario y asesor Pavan Sukhdev (2008), es una de las causas fundamentales del dramático deterioro de los ecosistemas y de la pérdida acelerada de biodiversidad que protagoniza nuestra época.

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Les propongo hacer un ejercicio mental. Imaginen un árbol cualquiera de su calle o del parque más próximo. Intentemos ahora hacer un escueto inventario de lo que ese árbol hace por nosotros, completamente gratis. Veamos qué servicios nos presta.

Primero y más evidente: oxígeno para respirar. Un árbol de parque sano y bien desarrollado puede producir unos 90 kg de O2 al año (1). O lo que es lo mismo, la cantidad de oxígeno que respira un hombre adulto durante unos 100 días (2).

Imagina que los árboles dieran wifi gratis

Segundo: fijación, o como se dice ahora, “secuestro” de carbono. Los árboles, gracias a la fotosíntesis, asimilan el CO2 del aire incorporándolo a su biomasa y liberando oxígeno. Este proceso es la clave del ciclo del carbono y posibilita la habitabilidad de nuestro planeta, ya que si el CO2 de las emisiones naturales no tuviera un sumidero, las temperaturas de la superficie de la Tierra aumentarían hasta llevar a todas las formas de vida que conocemos al colapso. Contabilizando sólo la madera seca, nos encontramos con que el hermoso plátano de sombra que veo desde mi ventana ha retirado de la atmósfera más de dos toneladas y media de CO2 durante sus 40 años de vida (3). Si tenemos en cuenta que un coche medio emite unas 4.4 toneladas de CO2 al año (4)... No es de extrañar pues que ni siquiera todos los bosques y ecosistemas marinos del planeta den abasto para compensar con la fotosíntesis el CO2 producido por la humanidad.

Tercero: Limpian el aire. En efecto, los árboles son capaces de retener en la superficie de sus hojas partículas contaminantes, como las temibles PM10 (5), originadas mayormente por el tráfico y capaces de penetrar en los pulmones y el torrente sanguíneo, constituyendo uno de los agentes cancerígenos más potentes (6). Son particularmente dañinas durante los meses fríos, en condiciones de sequedad y ausencia de viento.

Los árboles también absorben compuestos químicos tóxicos para el ser humano, neutralizándolos, como los hidrocarburos (HC) y los compuestos orgánicos volátiles (VOCs). Estas sustancias son emitidas principalmente por el tráfico durante los meses cálidos. Las PM10, HC y VOCs son peligrosos contaminantes cuyos niveles en el aire están monitorizados y regulados. La legislación ambiental impone severos límites aunque está demostrado que para las PM10 no hay nivel seguro, y cada incremento de su presencia en la atmósfera está relacionado con un incremento en las tasas de cáncer en la población (6).

Cuarto: Actúan como pantalla solar. La luz ultravioleta es la responsable de las quemaduras solares, y en última instancia, culpable de muchos cánceres de piel. Las hojas verdes, gracias a sus pigmentos protectores, absorben intensamente la luz ultravioleta, cosa que no hacen muchas prendas de ropa veraniegas ni unas gafas de sol de baja calidad. Un dosel de hojas verdes es por ello una fantástica protección contra las radiaciones más dañinas.

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Quinto: Refrescan el ambiente. Los árboles funcionan como enormes evaporadores gracias a la transpiración. Las hojas absorben el calor ambiental y evaporan agua con él, de forma que el aire bajo el dosel verde está más fresco que sobre él. Por eso es refrescante pasear por un bosque en verano. Debido a la transpiración, además, los árboles funcionan como amortiguadores térmicos para los edificios circundantes. No sólo los refrescan sino que además los protegen del viento, contribuyendo a su aislamiento (7).

Y por último, pero no por ello menos importante, hablaremos de cualidades y servicios de orden moral. Los árboles son bellos, y con sus flores en primavera, su verdor en verano y su despliegue de colores en otoño hacen nuestra vida un poco mejor. Una calle con tres especies de árboles es más hermosa que una calle con sólo una, de la misma manera que un jardín es más bello que un parque porque contiene más diversidad de formas de vida. Está demostrado que la introducción de actividades de valoración de la biodiversidad en la escuela a edades tempranas fomenta el desarrollo del niño como ciudadano responsable (8). Estas cualidades morales, para mí de máxima importancia, son muy difícilmente valorables en términos monetarios.

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Tras esta pequeña introducción, quizás no nos sorprenderíamos tanto si recibiéramos una factura con la siguiente relación de servicios: tarifa plana de producción de oxígeno... 25€ al mes. Almacenamiento de Carbono... 100€ por tonelada. Limpieza del aire, eliminación de partículas PM10 y VOCs... 20€ al año. Protección contra la radiación ultravioleta: 8€ al año. Aislamiento parcial de su edificio: gratis el primer año. Total: 428€. Qué les parece? Sí, es verdad, es completamente arbitrario, pero la idea de establecer un sistema de valoración de los servicios ambientales podría ser un buen comienzo para explicarle al banquero, a las multinacionales, al corredor de bolsa y al secretario de economía del gobierno regional de turno que están disfrutando de servicios por los que no pagan, y que las actividades de sus empresas ganan dinero dañando algo que sustenta el bien común, sin ofrecer contraprestaciones. Y hasta aquí, hemos hablado de un simple árbol de calle. De cómo las selvas tropicales regulan el clima mundial hablaremos otro día.

La naturaleza existe al margen de la economía y los mercados. Sin embargo, los mercados, aunque tercamente se obstinen en lo contrario, no pueden existir al margen de la naturaleza.

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Bibliografía

Pavan Sukhdev (2008). La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad - Informe Provisional. Oficina de Publicaciones de la Unión Europea.

3 comentarios:

Muy buena argumentación para valorar los árboles y especialmente estos que vemos y disfrutamos con más frecuencia como urbanitas.

Quiero enfatizar algo que nos afecta especialmente ahora, en verano y en el sur, la sombra. Siempre me he preguntado porque no se plantan más y más árboles en las calles que den buena sombra.
Un comentario más, la idea de la madera como sumidero de CO2 es adecuada, pero siempre que esta madera no se queme o degrade. Incluso se ha planteado enterrar madera para reducir el CO2. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/036031999390219Z

Gracias por tu comentario, Rafael.
Estoy plenamente de acuerdo contigo. Si de mí dependiera, cada calle de nuestros pueblos y ciudades contaría con su arboleda. Sin embargo, creo que la ausencia de árboles urbanos tiene muchas veces que ver con los deseos de los vecinos. Se oyen a menudo cosas como que los árboles "manchan" con sus hojas secas, o que "rompen las canerías". Conozco incluso una calle concreta en mi municipio natal que eliminó voluntariamente su magnífica arboleda de plátanos de sombra por expreso deseo popular. Una pena.
La madera como sumidero de CO2 está expuesta a los problemas que bien mencionas, habría que introducir un factor corrector en la fórmula, o algo así.
Un abrazo.

Mundo paralelo muy interesante, y a la vez desconocido para mi.
No entiendo esa semejanza, y desconexión a la vez.
Muy bonito y que imagino que no todo tiene explicación, me ha gustado.

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